Bariloche II

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CONTEXTO

Katy vive en Bariloche y su casa es puro movimiento: tres ovejeros, un gato, cinco gallinas y una familia que habita el hogar con intensidad. Son cuatro, aunque hoy uno de sus hijos está recorriendo el mundo. Y en ese ir y venir, la cocina sigue siendo el centro de todo: ahí se cocina, se trabaja, se ríe y se comparte la vida.

Pero ese espacio tan vivido ya no la representaba. Lo sentía oscuro, bajo, desordenado. Algunos muebles pedían cierre de ciclo. Y ella buscaba algo más: una cocina clara, funcional, cálida y liviana, que acompañara su forma real de habitar.

Katy tiene una sensibilidad estética profunda. Aunque no ejerce como diseñadora gráfica, su ojo está afinado: madera clara, luz natural, texturas simples.
Después de haber diseñado el cuarto de su hija Mía, se sintió interpretada, contenida. Y por eso, volvió.

Objetivo

Desde el inicio, el objetivo fue claro: transformar la cocina-comedor-living en un espacio más luminoso, ordenado y lleno de vida.

Katy quería luz. Materiales naturales, colores claros, texturas que sumen calidez sin oscurecer.

Quería orden visual y funcional. Una distribución que acompañe su día a día y aliviane el espacio.

Quería hogar. Un lugar para estar, cocinar, trabajar y compartir. Y también descansar: un living sin TV, pensado para leer, charlar y contemplar.

Buscaba un diseño emocionalmente coherente, que refleje su presente: hijos que vienen y van, animales que completan la escena, y una vida conectada con la montaña.

Una cocina que no solo se vea linda, sino que la abrace y la represente.

El resultado contado por Katy:

¿Cómo fue trabajar con Anita?

Me pediste una devolución hace un montón, y debo admitir que no lograba hacerla porque sentía que merecía mi tiempo en serio, sin apuros, sin distracciones. Así que acá estoy, escribiendo a mano, sentada en el rincón de mi cocina que reservé para estas cosas: coser a mano o escribir.

Trabajamos juntas dos veces. Las dos con mucho entusiasmo. Las dos muy distintas.

La primera fue para decorar el dormitorio de Mía. Tenía que ser sorpresa, y hacerlo en poco tiempo. Ahí aprendí con vos que planificar es clave. Fue muy divertido y te involucraste en cada detalle, poniéndote en el lugar de una adolescente.

La segunda fue algo más serio y muy esperado: remodelar la cocina. Lo deseábamos mucho, pero no sabíamos por dónde empezar, a quién llamar primero, cómo ordenar las ideas. Nada avanzaba… hasta que apareciste vos.

Y nos volaste la cabeza.

Sacaste paredes, eliminaste puertas, integraste living y comedor, y entendiste perfectamente lo que queríamos. Otra vez, planificar fue clave. Durante el proceso, muchas cosas fueron cambiando, y eso también estuvo bien, porque siempre estuviste presente, abierta, acompañando cada decisión con mucha paciencia y apoyo.

Nos llevó mucho tiempo. Fue larguísimo.
Pero lo disfrutamos.

Y hoy amo mi cocina. Siento que es mejor de lo que imaginaba.
Todavía faltan cosas, pero ya la disfruto todos los días.

Así que gracias.
Y seguramente no será la última vez que te diga:
“¡Ayuda, Anita!”